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Hace tiempo que no escribo una crónica, y no por falta de carreras la verdad. Pero bueno, no quería dejar pasar esta en concreto.
Jumilla ha sido muy especial. En Jumilla he vuelto a sentir esa mezcla de sensaciones que perdí hace dos años. Afrontar una carrera sin saber si la acabo, pasarlo muy mal en los primeros 400 metros de natación, dolor en forma de flato en los últimos 8km de carrera a pie… Y también la compañía de la banda Pitufo. Saborear cada brazada, pedalada y zancada. La alegría infinita mezclada con las emociones pre y post carrera. Esto es algo que solamente encuentro en pruebas de larga distancia.

Como escribí en su momento, Jumilla no estaba planeado. Y tampoco presenta un perfil atractivo para mí, demasiado llano. Pero bueno, sí tiene eso de las pequeñas carreras que te da una cercanía con todo que no encuentras en otro sitio.

Y aquí viene la crónica:

Suena el despertador a las 5:30 de la mañana. Mi compañero de habitación, del que solo sé que se llama Iván, sigue durmiendo. Yo me quedo dormido otra vez hasta que alguien llama a la puerta. Vamos a desayunar como zombis, literal. El autobús sale entre las 7 y las 7:30 hacia el pantano.
En el bus se notan los nervios pre carrera. Risitas y conversaciones para hacerlo más llevadero. Voy mirando el terreno por el que luego volveremos en bici. Se da un aire a la sierra de Níjar. También aparece algún que otro viñedo, e inevitablemente me acuerdo de uno de mis héroes en la vida que ya no está.

Llegamos al pantano. Dejo lista la T1 y con la banda Pitufo me bajo a la orilla. No soy muy de nadar antes de la carrera, pero por si el agua está muy fría me meto a dar unas brazadas. El agua está turbia y no se ve apenas. Al tratar de salir del agua me golpeo el pie con una roca y me hago un corte aparatoso en el dedo gordo. A día de hoy la uña está cogiendo un toque púrpura magnífico. Luego en carrera estas cosas ni las notas.

Se van sucediendo las salidas del Olímpico y del Half. La mía es la última. Son las 10:15. Suena el pitorro y todos como locos a nadar. Se trata de dos vueltas y calculo que seremos unos 200 o así nadando a la vez. Como esto no es lo mío enseguida me pongo en un lado y trato de ir a lo mío. Aun así, me agobio bastante. No estoy para nada acostumbrado a esto y me cuesta respirar.
Según se va estirando el grupo voy sintiéndome más cómodo. Al final incluso disfruté los 38 minutos que tardé en hacer los 1,9km de natación.

Entre la salida del agua y los boxes donde están las bicis hay aproximadamente 1 km de terreno trailero. Así que todos hemos dejado unas deportivas en la orilla. Hago los primeros metros andando y cuando se pasa el mareo empiezo a trotar. No tengo ninguna prisa.

La temperatura es perfecta y el sol sale a ratos entre las nubes. El viento sería un terrible rival entre los kilómetros 40 y 63. Lo bueno de salir de los últimos del agua es que luego vas adelantando ciclistas sin cesar.
Fui bastante fuerte durante los 86 kilómetros. Disfruté mucho acoplado en la bici comiendo rectas increíblemente largas, de esas que se pierden en la lejanía. Al final creo que saqué casi 31 km/h de media.

Llego a Jumilla con algo de cansancio pero más entero de lo que pensaba. La primera parte de la temporada la he preparado bien pero los últimos dos meses “entre ponte bien estate quieto” he fallado bastante en los entrenamientos. Así que esperaba quedarme sin energías tarde o temprano.

A la hora de correr, se trataba de 4 vueltas de algo más de 5 kilómetros. 4 vueltas que transcurrían por zonas feas y casi siempre desiertas. Empecé tranquilo, ritmos que en ese momento me resultaban fáciles, entre 4:45 y 4:50. En el kilómetro 13 la cosa se vino abajo. El flato hizo aparición. Ese km a 7:20. Y el resto, a 6:00.
Sabiendo que todo eso forma parte del circo, puse el piloto automático y a completar vueltas.

runJumilla

Al final salieron unas 5 horas y 25 minutos. Mucho mejor de lo que me esperaba.

Algo tiene el ir a estas cosas con un grupo de gente. El fin de semana no se reduce solo a la prueba. Por cierto que mola mucho tener una equipación personalizada…

metaJumilla

Paparruchas

Bilbao, mayo 2013. A esta expedición íbamos a ir 3 personas, luego 2, al final fui solo. Con una buena preparación en bici y muy mala nadando y corriendo, tenía intención de terminar sin prisa.
A pesar de encontrarme allí, no tomé la salida debido a una extraña enfermedad. Ese año hubo muchos problemas durante la carrera: hipotermias, tiempos de corte reducidos, desorganización…

A veces uno tiene conversaciones con gente que apenas conoce y sin embargo (o tal vez por eso mismo) las cosas que te dicen te golpean y te hacen tomar una determinación.
Por todo eso, aquel fue un fin de semana que marcó un punto de inflexión. Aunque aun quedaba bastante vacío por el que seguir cayendo, era cuestión de esperar.
Pero no es esta una entrada para hablar de ello.

El triatlón de Bilbao 2015 será mi primer gran objetivo del año. Tenía que volver, como algún día volveré a Ecotrimad o Buelna. Fue en Bilbao donde caí, y allí me levantaré.

Saco tiempo de donde no hay, entreno bastante y disfruto con cada minuto de las 13-14 horas semanales que dedico a esto.
Flaca es el sueño de cualquier corredor. No se cansa, da igual el ritmo o la distancia. Ya es el segundo animal que me ha enseñado que el mejor corredor no deja huellas.

El mejor corredor... (II)

Antes de Bilbao, y como toma de contacto, iré a Jumilla en abril. Otro half de los 6 a los que de momento me he apuntado. Pero no serán ni uno ni otro los que más me harán sufrir. Jumilla no estaba en los planes, no tiene nada especial. Al menos todavía. Me parece que es de esos con poco bombo y poca participación. Y esas cosas me gustan.
Primero Jumilla, luego Bilbao. Después, Astromad en Pelayos. Veremos.
El siguiente será Maderuelo. Este también será especial. Muy de pueblo. En las carreteras que me vieron nacer como ciclista con 17 años recién cumplidos.

En esta primera parte de la temporada cerraré a lo grande. Porque es una zona especial, pero sobre todo, porque no es un triatlón normal. Es una locura. Tanto que seguramente no vuelva a repetir nunca. Ni siquiera sé si podré terminar. Hablo del Triatlón de la Bola del Mundo. Subiremos hasta la misma Bola del Mundo con la bici. Y desde allí andaremos (porque de correr ni hablamos) 20 kilómetros por montaña, recogiendo unos 1000 metros de desnivel positivo.

Para la parte final de año, estoy apuntado al tri del Cabo de Gata. Era cuestión de tiempo ir allí. Una zona increíble que en su momento me hizo sentir como un tarahumara.

Y muy pronto, más.

Viento

Ana

Ana corre los 10km en 39:25, los 21km en 1:28:14 y los 42km en 3:29:03. Son marcas que no mucha gente puede hacer. Pero lo que mejor se le da a Ana son las carreras de montaña. Su secreto: ella corre donde los demás caminan.
Son carreras pequeñas, con participación reducida. Suele quedar entre las 3 primeras.

Ana se despierta cuando aun no hay luz. Vive en las afueras. Le gusta la rutina. Solo así puede controlar su vida. De lunes a sábado entrenar. Domingo competir. Solo lleva 20 minutos despierta y ya está corriendo. Casi siempre el mismo circuito. Calle arriba, calle abajo. 14 veces 747 metros. 14 veces 537 zancadas.
Antes llevaba música y usaba un Garmin que acabó regalando a su marido. No necesita saber cuánto corre. A esas horas el asfalto es solo suyo. Sabe que son las 7 cuando se enciende la luz de la cocina de los vecinos. Es momento de parar.
Ana tiene 2 hijos, dos tortugas y un solo marido.
Ana trabaja en un banco y dirige un equipo de 12 personas.
Los domingos, al pasar el arco de meta, Ana piensa en esas pequeñas victorias que consigue cada día cuando ve encenderse la luz de los vecinos.

Ana en Madrid

Entrantes

macnacho pasó por aquí para decir:

No es porque no tenga nada que contar. No es porque no quiera escribir. Creo que es porque ahora estoy en un plan bastante crítico con lo que escribo. Cada una de las cosas que voy a contar ahora daría por sí sola una entrada completa.

Pasaron, pasan y pasarán cosas.

Pasado
Participé invitado a la Riaza B-Pro. 80 kms de mtb por una zona preciosa en compañía de mi antiguo club. 3 días antes la gastroenteritis se ceba conmigo. Más por cabezonería que otra cosa termino la marcha.

Presente
Una caída reciente con la mtb me tiene hecho un cromo. No sé si tengo una fisura en una costilla. No sé si tengo un dedo de la mano roto.
Busco plaza para Fújur, en la calle lo tratan como a un acordeón.

Futuro
En 4 días tengo un evento que celebra Decathlon. Han contactado con NBICI.es y no sé si podré asistir de esta guisa.
En 11 días corro/camino 100 kms por la sierra de Guadarrama. Intermon Oxfam Trailwalker.

La cábala bacalá

Todo empieza en un camino sin tránsito. Mis dos hermanos no lo entendían, pero de tanto montar en bici acabé por tener tres testículos. He vivido y sigo viviendo con cuatro perros, que están y no están, al igual que mis cinco amigos.
Son tantas las cosas que quiero hacer que me cuesta llegar a las seis horas de sueño al día. Incluso en vacaciones, incluso viendo aquellas siete puestas de sol en Abersee. Y es que no tengo medida, no me canso de lo que me gusta. Me he podido leer tranquilamente ocho veces La Historia Interminable.
Al final la historia termina pero tiene tantas cosas que en cada lectura siempre hay algo que sorprende. Esto no ocurre con las nueve temporadas de The Office. Terminó pero quedarán algunas lecciones aprendidas.
La última vez que me aburrí de no hacer nada fue cuando tenía diez años. Hasta entonces, me había perdido once veces en el supermercado. A partir de ahí cambié perderme en los supermercados por hacerlo en los puertos, que yo calculo en unos doce.

He llegado a estar trece meses sin cortarme el pelo, que no es moco de pavo, como tampoco lo son los catorce conciertos de los Quiques en los que toda la intensidad quedaba comprimida en quince canciones.
De toda la vida he tenido alergia. Recuerdo esas míticas pruebas donde me pinchaban los antebrazos y me salían dieciséis ronchones que picaban hasta rabiar.
La primera vez que corrí diecisiete kilómetros sin parar para mí fue como subir el Everest. Ahora eso es “una tontería” (lo pongo entre comillas porque nunca lo es) pero lo cierto es que es una de esas cosas de las que estoy orgulloso. Y es que no cuento mi vida deportiva por carreras sino por entrenamientos. Siempre pensé que lo mejor de todo era el camino y no la meta. Porque no cambio nada por ir con el último en un “o todos o ninguno”.

Todos tenemos debilidades, una de las mías son los dieciocho kilos de gominolas que puedo engullir en tiempo récord. Otra que seguro que no cuenta como punto fuerte son los diecinueve clínex que puedo usar al día cuando llega la primavera o cuando un costipado aderezado con asma se asoma por la ventana.
No soy mucho de videojuegos, pero reconozco que los de coches me encantan. Sobre todo los de rallies. Me habré pasado tranquilamente más de veinte en modo chungo.

Llego a los veintiún gramos que prefiero no comentar y dejar así porque ni siquiera este es un lugar para hablar de ello.
Veintidós centímetros separan mi pulgar del meñique estirados. Animado a llevar la cuenta de las cosas, me doy cuenta de que se han hecho veintitrés películas de James Bond hasta ahora. Pocos se parecen al personaje de Fleming tal y como yo me lo imagino.

Pero me estoy desviando, yo quería hablar del veinticuatro. Éste da valor a la variable que cuenta los lugares que he hecho míos, al menos durante unos kilómetros. Otra variable son los veinticinco años que llevo en el Monte, algo por lo que estoy tan agradecido que no tengo palabras.

Ya termino esta entrada inspirada por el Péndulo de Foucault. Decir que meto la pata veintiséis veces al mes es quedarme corto.
El veintisiete es un array de dos posiciones. En la posición cero, están las veintisiete formas de mover las manos. En la uno, quedan las veintisiete tonalidades que tiene la tierra en la que estoy de paso.
A los veintiocho se rompen todas las reglas del juego. Sálvese quien pueda. Quedan exactamente veintinueve restos del naufragio. Parece que todo cambia. Puede que sí, puede que no, pero siempre supe que llegaría a los treinta años sin un gramo de madurez.

despacio

 

Mono

-¿Cuánto?
– 37 días, 6 horas y 22 minutos. ¿Esto se pasa?
– 2 años, 1 día y 12 horas después de la última vez no. Pregúntame mañana a ver…

010

Migración de datos

En la vida, como en las lesiones, las cosas no pasan por sí solas. Las malas no se van con el tiempo y las buenas no llegan mientras esperas sentado. Cuando algo me duele busco la solución que sea para al menos controlar ese dolor y poder seguir devorando kilómetros. Me acuerdo de aquella fascitis plantar que hizo incluso que cambiara mi forma de correr.

Esta noche me he reído en sueños. A carcajadas. Hacía mucho que no me pasaba algo así. Hacía mucho mucho que no me importaba levantarme por la mañana.
Y es que ayer avisé en la oficina que me piraba a otro curro. Lo de dedicarme a pastor de cabras todavía está lejos. De hecho, este nuevo trabajo me va a alejar de mi pueblo. Tanto que el cambio de trabajo implica cambio de domicilio.
Vuelvo a trabajar y a vivir en Madrid. Cambio el monte por el cemento, el trail por los parques, el pantano por los charcos, ver el sol ponerse entre montañas por verlo entre edificios.
Es un precio que me he visto obligado a pagar pero era algo que tenía que hacerse. Es un paso más de todas las cosas que están pasando últimamente. Quién sabe, tal vez en un futuro pueda volver a vivir en un sitio como Manzanares.

Ahora puedo decir que el vídeo que monté hace unas semanas era un pequeño homenaje al lugar donde he pasado las tardes del último año.

Si cruzo la carretera

Thoughts!

Pensador, piensa...

Sigamos soñando

Siempre en movimiento

ATALANTA

Siempre en movimiento

Otra forma de correr

Siempre en movimiento